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lunes, 2 de mayo de 2016

Cocinas de ficción: Vieja friendo huevos (Velazquez).

Seguramente conocerás este famoso cuadro de Diego de Velázquez, que se encuentra en la Galería Nacional de Escocia (Edimburgo).
Se trata de una escena en una cocina, así que, como es nuestra costumbre, vamos a analizarla desde el punto de vista de la seguridad e higiene alimentaria.



Las buenas prácticas que podemos observar:
  • La cocinera lleva el pelo protegido.
  • Salvo la cuchara de madera que la cocinera tiene en la mano, los útiles que vemos son de fácil limpieza y desinfección: platos y jarras de cerámica esmaltada y cuchillos, cazuela y almirez con su mano, todos de metal.
  • La botella de aceite que el muchacho lleva en la mano es de vidrio, por lo que también es material de fácil limpieza y desinfección. 
  • El artista ha sido capaz de captar perfectamente la textura de los huevos. Podemos ver que la clara esta bien cuajada, imprescindible para evitar la transmisión de salmonelosis.


Y algunas malas prácticas que deberían corregirse:

  • La cocinera tiene un huevo en la mano mientras cocina. Lo correcto sería tomar los huevos, romperos y depositarlos en el aceite, y a continuación lavarse las manos antes de seguir cocinando, evitando de este modo contaminaciones cruzadas.
  • Vemos un caldero en el suelo. Es evidente que este no es el mejor lugar para tenerlo.
  • La cuchara que utiliza la cocinera es de madera, un material poroso que, por lo tanto, no es de fácil limpieza y desinfección.
  • Tiene sobre la mesa las pieles del ajo que, suponemos, acaba de pelar. Debería haberlo tirado inmediatamente a la basura.
  • La cazuela y almirez metálicos suponemos que son de cobre (habitual hasta hace muy poco). Hoy no podrían utilizarse, dado que producen migraciones de partículas metálicas a los alimentos durante el cocinado; deberían ser de acero inoxidable.
  • Mención aparte merece la cazuela de barro donde se fríen los huevos. El cuadro se pintó en 1618. Hasta el siglo XIX no se inventó el vidriado feldespático que se utiliza hoy en día en la producción de vajillas, por lo que:
    • O bien la cazuela no tiene protección vítrea, por lo que sería porosa y, por lo tanto, no sería de fácil limpieza y desinfección,
    • o bien la cazuela contaba con el habitual vidriado de sales de plomo o estaño de aquella época, que hoy no esta permitido por la potencial peligrosidad de estos metales pesados para la salud.
En definitiva, gracias a Velázquez, podemos apreciar cuanto han cambiado los materiales de los útiles de cocina en estos últimos cuatro siglos, pero como se han mantenido muchas de las prácticas que harían que la vieja del cuadro encajase perfectamente en una cocina moderna.


http://algadirslu.blogspot.com.es/search/label/cocinas%20de%20ficci%C3%B3n

viernes, 10 de julio de 2015

¿Es tu cocina un foco de salmonelosis? Los huevos y sus riesgos.

A estas alturas nadie ignorará que los huevos pueden transmitir bacterias patógenas del género Salmonella.
¿Significa esto que no deberíamos utilizar ni comer huevos que no estén pasteurizados? ¿O que no deberíamos comer huevos en absoluto durante el verano?  NO.
Tan solo hay que seguir unas sencillas normas de higiene.

Las bacterias del género Salmonella, que producen salmonelosis en el ser humano forman parte de la flora intestinal normal de numerosas aves. La infección sólo es posible a través de alimentos o agua que se haya contaminado con heces de estos animales.



Los huevos son la vía más frecuente de infección por Salmonella, ya que la cáscara, de forma natural, está en contacto con la materia fecal de las gallinas (o patas o pavas...). Cuando rompemos un huevo para consumirlo, las bacterias pasan inevitablemente de la cascara al contenido.

Las bacterias crecen sobre el huevo contaminado, siendo este crecimiento mucho mayor cuando las temperaturas son altas.

Si el huevo va a consumirse crudo es imprescindible mantenerlo en refrigeración, para ralentizar el crecimiento bacteriano, y consumirlo rápidamente, antes de que las bacterias puedan crecer hasta un nivel peligroso.

Si cocinamos el huevo debemos hacerlo muy bien, completamente cuajado, para eliminar las bacterias. Aún así, estos alimentos deben guardarse en refrigeración y deben consumirse rápidamente para evitar la recolonización y crecimiento de las bacterias.
No olvidemos que una sola bacteria superviviente puede crecer y multiplicarse hasta niveles peligrosos en un tiempo sorprendentemente corto.



La salmonelosis es una enfermedad grave. Generalmente causa gastroenteritis aguda, con nauseas, vómitos y diarreas, que con frecuencia requiere hospitalización, y en algunas ocasiones provocan fiebres y erupciones cutáneas, que pueden poner en peligro la vida.
Por este motivo es tan importante seguir las siguientes medidas concretas de prevención:
  • No es conveniente lavar los huevos antes de almacenarlos, ya que puede modificar la permeabilidad de la cáscara y permitir la entrada de Salmonella. Si se van lavar debe hacerse justo antes de consumirlos o prepararlos.
  • Refrigerar inmediatamente los alimentos después del cocinado y consumir en 24 horas aquellos que contengan huevo
  • Utilizar huevo pasteurizado, esto es, de los cuales se ha eliminado el contenido bacteriano con calor, cuando se vayan a preparar platos con huevo crudo o poco cuajado (tortilla con huevo poco cuajado, crema pastelera, tiramisú, salsa carbonara...)
  • Mantener la cadena de frío de los alimentos susceptibles de contener Salmonella, para evitar su crecimiento 
  • Evitar la contaminación cruzada de los huevos de cáscara hacia otros alimentos
  • Lavado correcto de manos, uñas y material de trabajo

domingo, 11 de enero de 2015

Alimentos no recomendados para embarazadas

La Organización Mundial de la Salud (OMS) cifra en 200 las enfermedades que pueden transmitirse por los alimentos. Determinados grupos poblacionales pueden verse afectados en mayor medida por estas enfermedades, lo que los convierte en los denominados “grupos de riesgo" .
Las mujeres embarazadas están consideradas como un grupo de riesgo debido a la gravedad de las complicaciones que pueden sufrir y a que son más susceptibles a contraer determinadas infecciones, ya que los cambios hormonales durante la gestación parecen alterar diversos mecanismos del sistema inmune.

Entre las enfermedades causadas por patógenos de transmisión alimentaria que suponen un mayor riesgo para las embarazadas se encuentran:
  • La listeriosis, relativamente poco frecuente pero muy grave, ya que provoca alteraciones graves en el feto que pueden terminar en aborto o nacimiento prematuro.
  • La toxoplasmosis, una infección que es mucho más grave en el caso de mujeres embarazadas, dado que Toxoplasma sp. pasa hasta el feto provocándole graves malformaciones, lesiones cerebrales o muerte fetal.
  • La brucelosis, que en el caso de transmitirse al feto durante el último mes del embarazo o en el momento de parto se manifiesta de forma aguda o crónica.
Para evitar la contaminación con estos patógenos se debe aconsejar a las mujeres embarazadas que no consuman:
  • Leche cruda no pasteurizada y quesos elaborados con leche cruda no pasteurizada.
  • Quesos de pasta blanda (Brie, Camembert) y quesos azules. Se pueden consumir quesos semicurados y curados elaborados con leche pasteurizada (mayoritarios en el mercado), siempre que se retire la corteza.
  • Frutas y hortalizas crudas que no se hayan lavado y desinfectado previamente.
  • Brotes crudos (alfalfa, soja...).
  • Zumos sin pasteurizar.
  • Huevos no totalmente “cuajados”.
  • Alimentos que contengan huevo crudo, incluyendo salsas y mayonesas caseras, mousses, merengues y pasteles caseros, tiramisú, helados caseros y ponches de huevo.
  • Carne cruda, carne “al punto” o poco hecha.
  • Carne ahumada o marinada que no vaya a ser cocinada posteriormente.
  • Productos cárnicos crudos curados, tales como embutidos y productos de charcutería (chorizo, salchichón, salami...), jamón curado, etc.
  • Pescado crudo, presente en comidas tipo sushi, sashimi y ceviche.
  • Pescado ahumado refrigerado o marinado que no vaya a ser cocinado posteriormente.
  • Moluscos bivalvos crudos o poco cocinados: ostras, mejillones, etc.



Se aconseja también seguir las siguientes normas básicas de manipulación higiénica de los alimentos:
  • Asegurar la cocción completa de los alimentos: se deben alcanzar 75 ºC en el interior del alimento al menos durante 1 minuto.
  • Los alimentos cocinados deben guardarse en el refrigerador en un compartimento aparte, separados de los quesos y los alimentos crudos. Los alimentos se deben guardar el menor tiempo posible y, en el caso de los productos comerciales, hay que respetar la fecha de caducidad de las etiquetas.
  • Debe asegurarse que el refrigerador mantiene la temperatura correcta (4 ºC o menor).
  • Se deben lavar y desinfectar bien las frutas y hortalizas. La desinfección puede realizarse sumergiendo el producto en agua que contenga lejía apta para desinfección del agua de bebida en la concentración y durante el tiempo que indique el fabricante (consultar la etiqueta). Siempre se debe realizar un último enjuagado con agua potable (del grifo) tras el proceso de desinfección. Este proceso no se realizará en el momento previo a la conservación, sino inmediatamente antes de que se vayan a consumir.
  • Cuando se utilice un horno microondas, los usuarios deben prestar atención a las instrucciones del fabricante para asegurar una temperatura uniforme en los alimentos.
  • Deben descartarse los alimentos sobrantes recalentados.
  • Deben lavarse las manos con jabón y agua caliente, al menos durante 20 segundos, con frecuencia, antes y después de manipular los alimentos, principalmente si son crudos, después de tocar basuras, animales, estornudar, después de usar el cuarto de baño, etc.
  • Las superficies y los utensilios de cocina utilizados se deben lavar a fondo después de manipular carne, pescados, aves de corral, frutas y vegetales. Es preferible lavar los utensilios en el lavavajillas, ya que además se desinfectan por calor.

Extraído de:
http://aesan.msssi.gob.es/AESAN/docs/docs/publicaciones_estudios/revistas/comite_cientifico_19.pdf

jueves, 7 de agosto de 2014

Patógenos de transmisión alimentaria: Salmonella (causantes de salmonelosis)

Salmonella es un genero de bacterias que comprende un gran número de especies y cepas. Todas ellas parecen formar parte de la flora intestinal normal de numerosas especies de aves y mamíferos, incluido el ser humano.

Solo algunas de las especies del género Salmonella son patógenas para el ser humano, produciendo dos tipos de enfermedades: las "fiebres tifoideas" y la "salmonelosis".


Las especies del género Salmonella que producen salmonelisis en el hombre son Salmonella typhimurium y Salmonella enteritidis. Todas ellas forman parte de la flora intestinal normal de numerosas aves, entre las que destacan pollos, pavos, patos, palomas y aves costeras, así como de reptiles y han colonizado también el intestino de perros y gatos.

La infección sólo es posible a través de alimentos o agua que se haya contaminado con heces de estos animales. La vía más frecuente de infección alimentaria son los huevos, cuya cáscara de forma natural está en contacto con la materia fecal de las gallinas (o patas o pavas) y de ahí pasa inevitablemente al contenido de éstos durante la rotura de la cáscara y la manipulación.

Las bacterias del género Salmonella son anaerobios facultativos, lo cual les permite vivir tanto en ausencia como en presencia del oxígeno del aire. La ausencia de oxígeno es la condición imperante en el interior del intestino; pero igualmente pueden crecer y multiplicarse en el exterior sobre los alimentos contaminados, siendo este crecimiento mucho mayor cuando las temperaturas son altas.

Es necesario ingerir un número mínimo de bacterias para que la infección pueda ocurrir, debido a que son poco resistentes a los ácidos estomacales, y a que las supervivientes, una vez en el intestino, tendrán que competir con las bacterias del mismo género Salmonella que forman parte de nuestra flora intestinal.
El número de bacterias ingeridas en un alimento contaminado suele ser mucho mayor cuando la temperatura ambiental es alta, de forma que la Salmonella pueden proliferar sobre los alimentos, siendo por lo tanto más probable la infección.

La salmonelosis se manifiesta generalmente como una gastroenteritis aguda, con nauseas, vómitos y diarreas, que pueden comenzar en tan solo 6 horas tras la ingesta. Puede ir acompañada de fiebre y de dolor abdominal. Los síntomas desaparecen en unos 4 a 7 días.
Con frecuencia requiere hospitalización durante la enfermedad para asegurar la correcta rehidratación evitando la perdida de agua y electrolitos. Sin embargo, salvo que la infección pase al torrente sanguíneo, no se recomienda el uso de antibióticos, ya que no acelera la recuperación pero si genera resistencias en éstas y otras bacterias.
La gastroenteritis producida por Salmonella es indistinguible de otras gastroenteritis víricas o bacterianas, siendo un médico el que podría determinar la causa de cualquier gastroenteritis aguda.
Si existieran indicios para suponer que se trata de una salmonelosis, sólo se debe sospechar de los alimentos consumidos en las últimas 48 horas antes del inicio de los síntomas (ya que éstos aparecen entre 6 y 48 horas tras la ingesta).

En algunas ocasiones estas bacterias son capaces de cruzar la pared intestinal hacia el torrente sanguíneo, como hacen las Salmonella causantes de tifus, provocando fiebres, diarreas y erupciones cutáneas que pueden durar de 1 a 8 semanas, siendo este un cuadro clínico que puede poner en peligro la vida.


Tratándose de bacterias termolábiles que no producen toxinas, las formas de prevención se basan en evitar el crecimiento bacteriano mediante refrigeración y en la destrucción de las bacterias mediante congelación o calor.


Las medidas concretas de prevención que deben seguirse son:
  • No lavar los huevos antes de almacenarlos, ya que puede modificar la permeabilidad de la cáscara y permitir la entrada de Salmonella
  • Refrigerar inmediatamente los alimentos después del cocinado y consumir en 24 horas aquellos que contengan huevo
  • Utilizar huevo pasteurizado, esto es, de los cuales se ha eliminado el contenido bacteriano con calor, cuando se vayan a preparar platos con huevo crudo o poco cuajado (tortilla con huevo poco cuajado, crema pastelera, ...)
  • Mantener la cadena de frío de los alimentos susceptibles de contener Salmonella, para evitar su crecimiento 
  • Descongelar completamente en refrigeración las carnes de aves congeladas antes de iniciar el cocinado (para asegurar que el calor llega al interior del alimento)
  • Cocinar muy bien las carnes de ave
  • Evitar la contaminación cruzada de aves y huevos hacia otros alimentos
  • Lavado correcto de manos, uñas y material de trabajo, especialmente tras estar en contacto con mascotas (perros, gatos, pájaros, reptiles,...).


Para saber más:



http://algadirslu.blogspot.com.es/search/label/pat%C3%B3genos%20de%20transmisi%C3%B3n%20alimentaria